Fantasía
Caes y abres los ojos. Con las rodillas pegadas al suelo el mundo es diferente. Sientes un cosquilleo en tu espalda que te produce escalofríos. Todavía aturdido, miras hacia arriba y ves cómo te observa.
Sientes impotencia, temor y un extraño sabor dulce que proviene de su boca.
Atado estaremos a vivir la magia de lo desconocido, unidos en la fantasía que deseamos realizar. Jugaremos con el tiempo en viajes azules y en inviernos calientes compartiendo nuestra humedad en mares de ansiedad.
Ahí vamos en busca de incógnitas y pasión bajo el mismo cielo natal, mi querida compañera de locuras y razones. Un amor espontáneo que solo dura lo que dura la fantasía.
El poder oculto en una hoja de papel y un lápiz, el poder mágico de la unión.
Tengo mi propia arma para robar y un montón de espíritu en el cielo. Las criaturas de voces suaves son antiversos de risas y sonrisas, se mueven a través del suelo llenas de ganas de recorrer el cielo completo, pero les alcanza solo para un terreno vació. Como una piedra en el rió contra la corriente, no me pude resistir. Como arañas en las ventanas y olas a lo largo del océano, no me pude resistir. Me puedes llamar ateo, pero aun trato de limpiar la esperanza y creer en el amor. Tengo mi propio nivel de espíritu para balancearme, para decirles a mis decisiones que son solo letras en el suelo. Se que antes mi voz tenia mayor sentido, me sacaba de mi trance y me hacia enfrentar mis fantasmas. Ahora, me quejo en este templo en medio del desierto. No creo en la fe, no creo en creer.
Con su mejilla sobre el asfalto trata de sentir el frió de la mañana. Su vida ha estado rodeada de problemas a los cuales hace frente solamente con sus ojos profundos y oscuros. Por años a vivido en una burbuja que lo protege de la amenaza que son las personas y su cuerpo de piedra crema es el reflejo del odio a la sociedad. Ha vivido indolente con el único pretexto de hacer frente a sus miedos, indolente frente a la gente que lo ha querido desde que nació, indolente con sus amigos, indolente con su familia. Luego de cien años viviendo sin sentir el frió de la mañana finalmente se da cuenta de lo que ha hecho, al vivir a través del hielo sin siquiera congelarse a pasado a llevar a las personas que realmente lo han valorado. Triste y solo se deja caer nuevamente sobre el asfalto, con su mejilla roja y congelada. Es un adiós a la piedra crema que por años lo ha acompañado y que en esta ocasión se cae a pedazos.